¿Qué pasará cuando los regímenes totalitarios ofrezcan más bienestar que nuestra democracia?

Aunque tanto mi formación como mi experiencia profesional esté alejada del mundo de la filosofía y la ética, desde hace unos pocos años llevo interesándome enormemente por estos campos. Por lo que hoy me atrevo a escribir estas líneas aún teniendo en cuenta la poca autoridad que mi escasa formación en estos ámbitos me otorga.

Desde la crisis financiera del 2008 hemos vivido una clara polarización del espectro político en la sociedad española donde partidos y votantes han sufrido cada vez más dificultades para encontrar entendimientos con personas de otro tipo de pensamientos.

Además, transcurridos varios años tras el inicio de la crisis financiera han aparecido partidos políticos populistas en diferentes países, lo que no hace más que demostrar que las democracias liberales se encuentran ante una de las crisis de identidad más importantes desde la II Guerra Mundial.

Para ser capaces de comprender qué nos ha llevado a la actual situación es imprescindible entender el contexto económico en el que nos encontramos. Obviamente, las economías nacionales están fuertemente condicionadas por los efectos de la globalización, lo que llevó a deslocalizar las antiguas industrias que generaban empleo de calidad en España hacia países donde la mano de obra era más barata lo que propició que países como China no dejasen de crecer incluso en los años más duros de la crisis.

Esto lo explican muy bien el recientemente fallecido profesor Clayton Christensen en su libro ‘Prosperity paradox’ y Michael Porter con su famosa obra ‘Ventaja Competitiva de las Naciones’. A medida que los sectores y economías maduran la fabricación de productos más simples se traslada hacia países menos industrializados (mano de obra más barata) y dicha deslocalización debe ser sustituida mediante la elaboración de productos más complejos. El problema surge cuando, como en España, la producción industrial ha ido mermando progresivamente (últimamente hemos visto los problemas a los que se enfrentan empresas con solera como Alcoa, Tubos Reunidos, etc.) y ésta deslocalización no ha sido suplida por sectores que generen productos complejos que suelen ir asociados a empleos de mayor calidad (alta remuneración, contratos estables, formación asociada, etc.).

Una delegación de trabajadores de Alcoa Avilés participan en la manifestación celebrada en La Coruña. Fuente: El Comercio.

Y es que cada vez más, la economía española depende de sectores como el turismo, hostelería, restauración, etc. en el que la mano de obra no requiere formación y tiene bajas remuneraciones… En definitiva, son tipologías de trabajo donde un trabajador es fácilmente sustituible por otro.

Todo esto genera que el mercado laboral español se polarice, de manera que la clase media va menguando y nos encontramos con una pequeña masa poblacional con buenos trabajos, sueldos y condiciones laborales (directivos, programadores, gestores, analistas, etc.) y por otra parte una mayor masa poblacional con unas condiciones laborales precarias (camareros, limpiadores, etc.).

Creación de empleo interanual entre el cuarto trimestre de 2018 y el mismo período del año anterior. Fuente: Expansión.

 

¿Qué está ocurriendo en otros países?

En otros países industrializados la reducción del sector manufacturero está siendo reemplazado por ese tipo de trabajos tan ‘adorados’ y ‘vanagloriados’ como programadores y diseñadores, es decir, trabajos enfocados en la digitalización y robotización de la economía.

Implicaciones en la política

Una vez hecha esta breve reflexión económica podemos adentrarnos en las implicaciones políticas que conllevan esta polarización de la economía provocada por la crisis financiera. Tradicionalmente los países que han instaurado democracias liberales son aquellos cuyas economías pueden ser consideradas como las avanzadas. Y es que no existe democracia liberal si no hay un crecimiento económico que conlleve una mejora de la calidad de vida de las personas. Hasta la fecha, los regímenes autoritarios se han asociado a naciones cuyas economías estaban más basadas en sectores agrícolas o industrias pesadas cuya transformación del producto era más simple.

Actualmente nos encontramos ante dos grandes derivadas:

  • A medida que nuestra economía se polariza nuestra democracia liberal se ve más amenazada.
  • Comienzan a aparecer regímenes totalitarios que generan bienestar entre sus ciudadanos.

Polarización de la sociedad española

El liberalismo suele defender una suerte de meritocracia o tecnocracia en la que la gente que suele ocupar puestos de responsabilidad en las instituciones presenta perfiles muy altos, como por ejemplo, los burócratas de Bruselas, alto funcionariado del Estado, etc. o dicho de manera mundana, que los listos nos gobiernen. Sin embargo, parte de la población se siente decepcionada con este tipo de instituciones (véase la Unión Europea, Comunidades Autónomas, etc.) y reclama volver a lo ‘tradicional’.

Parece que volvamos a reclamar al Leviatán de Hobbes aunque en la actualidad el Leviatán se esté convirtiendo en un ‘ciber-leviatán’ como dice José María Lassalle (esto da lugar a otra ingente cantidad de artículos y reflexiones).

Regímenes totalitarios que generan bienestar

Podemos decir, siendo lo más simplistas posibles, que el liberalismo defiende la libertad del individuo sobre la masa y el socialismo (o llamémosle comunismo) defiende a la masa sobre la libertad individual.

Afortunadamente, nosotros hemos vivido en regímenes liberales donde se han gestado Estados del bienestar que han dado lugar a la época de mayor prosperidad de la historia. Sin embargo, ahora nos encontramos que existen países con regímenes totalitarios capaces de sacar de la pobreza a millones de personas en tan solo pocos años, como es el caso de China. Este hecho se torna más relevante en la actualidad debido a que este régimen totalitario es capaz de tomar decisiones duras sin necesidades de consensos ni votaciones, como por ejemplo confinar una región de 40 millones de habitantes o controlar de manera digital todos los movimientos de cada persona. Esto ha permitido que el estricto confinamiento de Wuhan haya dado lugar a que el número de nuevos contagios por COVID-19 se haya reducido a 0 (si el número de contagios totales o muertos es real también da para otro artículo, lo que sí es cierto es que este confinamiento, que ha sido una especie de experimento social jamás visto, ha conseguido su fin).

Imagen de Wuhan durante el confinamiento. Fuente: National Geographic.

Y ahora… ¿qué camino debemos seguir?

Los ciudadanos de las democracias liberales hemos aceptado el contrato social de Rousseau porque acordamos ceder parte de nuestras libertades en pro de un Estado que nos defendiese de amenazas externas, un sistema jurídico riguroso, etc. Actualmente parece que aquel contrato social se esté rompiendo y de lugar a la generación de partidos populistas (tanto de izquierda como de derecha) que ofrecen ideas simples que convencen tanto a los más desfavorecidos como a personas de clase media descontentas.

Tal y como se ha demostrado en numerosos estudios, lo que genera riqueza en las naciones son sus mercados laborales y sus estructuras económicas, por lo que me temo que la única manera de reorientar nuestras democracias hacia esa neutralidad que ha permitido generar los estados del bienestar que tan amenazados se encuentran hoy en día va a ser mediante una receta basada en una compleja combinación de medidas económicas que permitan reducir la polarización del mercado laboral para volver a potenciar la clase media, que es la que hizo que en los 80 España se situase entre las economías más potentes de Europa.

¿Qué recetas y medidas económicas se deben tomar para ello? Eso sí que puede dar lugar no a varios artículos, si no a varios libros…